domingo, 31 de agosto de 2014

Abuela

Mi abuela nunca soñaba
con otra vida posible,
al menos no en voz alta.
Parecía hecha de un material anti-grietas,
un perfecto y noble material
que sólo rezumaba ternura.
Mi abuela abrazaba y olía a hierbabuena,
a cocido y a casa,
a refugio,
a la tibieza del hogar,
esa que nos pone a salvo.
Sólo cuando el Alzheimer llegó
la oí soñar,
jugaba a ser enfermera
y hablaba de un tal Luis
al que ninguno conocíamos,
uno de esos amores eternos
(que lo son porque no fueron,
supongo).
Sacudiendo su ceñida educación de pueblo,
tan oscura, tan de existir sólo para otros
sin olvidarse de dar gracias a Dios,
comenzó a ser ella.

En lo que parecía locura
creo que se encontró
y fue feliz viviendo
lo que no vivió.


Imagen tomada de pixabay.com

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