martes, 27 de enero de 2015


Recuerdos

Enganchada a esta ciudad
por un invisible cordón umbilical
tejido con recuerdos.
Allá, el banco
donde en las largas tardes de primavera
sonreía leyendo "La conjura de los necios",
o aquel bar,
donde miraba su rostro
con la certeza de amarlo siempre,
hasta que a ese siempre,
se le fueron cayendo las razones.
Veo la glorieta de Embajadores
y las veo a ellas, mis amigas,

comiendo pipas y sacándole los ojos a la vida,
cuanto todavía,
se la podía mirar de frente sin estremecerse.
O el lago, aquel trocito de agua
que parecía un oasis en mitad de la urbe,
un pequeño paraíso
donde pasar las mañanas de domingo
engordando a los peces del Retiro,
con el único desasosiego de que se acabase el pan.
Y la plaza, esta plaza con su árbol
y una mano escribiendo locuras,
rutas imaginarias buscando una salida,
sin saber que yo, era la única puerta.
Todo sigue en su sitio,
el banco, el bar, la glorieta, el lago y el árbol,
todo excepto yo,
que aún andando por los mismos lugares,
ya no me reconozco en ellos.

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