sábado, 11 de noviembre de 2017


Yo quería, quiero, 
ser la calma de un domingo en la mañana,
despertarme ciudad lenta 
con el canto de los vencejos 
y alguna que otra risa infantil. 
Y mirar con ojos transparentes 
las esquinas que amenazan 
que se aproximan 
que crujen 
que muerden
que se llevan el aire y la risa
y tener brazos y piernas y fe
y un fragmento de aquella nana
y decir: "Parad"
y que paren. 
O estirarme violenta y rápida 
como lo inesperado
y detenerlas. 
Pero no llego.
Ni llega el pulso lento 
ni la medusa y su descarga  
ni tu voz junto a las campanas
ni contar hasta cien, mil...
No llego.
Y se acerca, comprime y vence.




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