miércoles, 28 de febrero de 2018

LOS OTROS 

Estoy parada al borde de su boca.
Podría ser la de un lobo,
como en todos los cuentos,
pero elijo la de un tigre.
Una boca abierta con dientes y colmillos
y un agujero al fondo
que me llama con música para el descanso.
Quisiera dejarme caer.
Rozar mis brazos y mis piernas
con el filo de sus dientes.
Sentir el pánico y meterme dentro.
¿Cómo será nadar en jugos gástricos?
¿Qué temperatura habrá allí? 
¿Estará completamente a oscuras?¿Dolerá?
Quisiera dejarme caer por simple curiosidad o cansancio,
pero detrás están los otros,
los que me llaman.

Los que dejan sus piruletas 
pegadas a mis vaqueros,
los que hacen muecas frente al espejo.
Está el que me conoce 
-y aun así me besa-
y uno de sus rizos
haciéndome cosquillas en la cara.
Está la que ríe a carcajadas 
en la cocina porque su madre la persigue,
está su madre y su abrazo.
Está el que siempre contesta al teléfono 
y pone cordura a mis pasteles.
Están los otros:
los que no hablan, 
los que no entienden, 
la que pilla mis zapatos 
con su silla de ruedas,
el que quiere decir la erre.

Están los otros,
los que me llaman,
los que cierran, sin saberlo,
la boca del tigre. 

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