miércoles, 28 de marzo de 2018


ABANDONO

Se ha vuelto a poner los calcetines del revés.
Ha mirado por la ventana, ha bostezado,
ha escuchado la radio sin atención
y se ha sentado allí como cada mañana.

Allí es un lugar impreciso, variable.
Allí cambia en función del día de la semana,
de la temperatura exterior,
del ruido de los coches
o de su falta de concentración y memoria.
Allí a veces florece el almendro
cuando no corresponde
y Matías se remueve inquieto en su silla de mimbre.
Otras veces allí se hace el silencio
y las agujas del viejo reloj de pared
se detienen sin motivo aparente.
Allí voces fósiles tararean canciones
o hablan de la subida del pan
y la falta de carbón para la noche
mientras afuera unos chicos
juegan un partido de tenis.
Allí no hay ojos en los que verse vivo
ni manos regalando ternura,
ni siquiera el ruido de unos pasos que se alejan.
Allí la comida envejece
sin hambre para ser devorada
mientras Matías se pregunta
cómo irá la cosecha ese año.
Piensa en salir y verlo con sus propios ojos,
pero duelen las piernas y duele el pie derecho
y duele el salón que de repente no reconoce
y duelen los muebles llenos de polvo
y el pijama que no consigue quitarse.

Y duele preguntarse dónde están todos
y duele el hijo que llevaba en sus brazos
y que siempre quería jugar a las canicas.

Y duele la mujer que lo abrazaba
y su pelo entre sus manos.

Y duele, tanta vejez duele.

Y allí Matías, miles de Matías,
se ponen los calcetines del revés,
abandonan sus objetos
y mueren sin que nadie les eche de menos
o les lleven noticias del pueblo.


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