viernes, 2 de mayo de 2014

Ya no te espero

Entre las calles más escondidas de esta ciudad
había un lugar, en el que me sentaba a esperarte.
La ropa tendida al viento
se balanceaba sobre mi cabeza
y un aire limpio se preparaba
para darte la bienvenida.
Cerraba los ojos
y tú llegabas, humedeciendo mi cuerpo
con palabras suaves.
Me erosionaba tu tacto de ola,
me comprimía, expandía,
cambiaba de galaxia.
Como serpiente te enredabas
en mis rincones oscuros, profundos,
tus labios rozaban la copa,
me bebías, saciabas tu sed de siglos.
Regresaron aves migratorias,
la ciudad, explosionó en la crisálida.
Sujetos a un globo de helio
volaron
adoquines con tus huellas,
un ejército de hormigas levantó las persianas
y comenzó mi afanosa búsqueda.
No encuentro aquel lugar,
aquel espacio diáfano
en el que me sentaba a esperarte.
Cuento los pasos,
interrogo a los árboles,
a la fuente de la plaza
que dice no saber nada.
Ni rastro.
Desapareció aquel lugar,
aquel rincón,
 en el que me sentaba a esperarte.