domingo, 29 de marzo de 2015

A CIEGAS


Dará igual el tiempo que dediques
a dibujar con esmero el plano de tu vida.
Podrás trazar líneas rectas
caminando por la escala de tus sueños,
proyectar salidas de emergencia
para los "porsiacaso",
marcar con el rojo de todas tus pasiones
ese gran punto que dice
"Usted, está aquí",
anotar leyendas que aclaren
la complejidad de vivir.
Dará igual que guardes el mapa
bajo esa almohada preguntona e incómoda
que a veces se empeña en hacernos crecer,
que lo mires cada mañana
asegurándote que cada punto está en su sitio
y que usted, sigue ahí.
Dará igual, porque la vida,
siempre guarda otro plano,
sin líneas ni leyendas,
y sobre todo,
sin ese gran punto rojo que te dice
"Usted, está aquí".

domingo, 22 de marzo de 2015


ARBUSTO


Me hubiera gustado tanto 
ser árbol robusto,
una encina, un tejo, un hermoso roble.
Anclar mis raíces en algún bello paraje,
dar cobijo a los míos sin desfallecer,
fuerte y segura permanecer intacta 
ante las tormentas, sequías
o punzones grabando sus nombres  
junto a un corazón.
De veras te digo que hubiese dado 
uno de mis hermosos veranos,
o alguno de esos días 
que una escribe en mayúscula 
en el torpe recuento del pasado.
Hubiese dado algo grande 
por ser grande y firme,
pero aquí me tienes,
no soy más que lo que ves;
pequeño junco zarandeado por el viento,
y como tal,
sólo puedo ofrecerte un vals.

jueves, 19 de marzo de 2015


LO QUE EL OJO NO VE

Quiero ser una 
pero siempre me paren dos
o tres, si es día de lluvia.
Y lo que una ordena la otra esparce
y lo que una apuesta la otra pierde
y lo que una vuela la otra anida 
y lo que mis palabras callan
mis silencios cantan.
Quiero ser una, 
establecer en riguroso orden alfabético
lo importante de lo banal,
llenar de provisiones mi alacena
de números rojos,
caminar en horizonte, 
abandonar los círculos,
subir peldaños, doblar esquinas.
Quiero ser una 
y siempre me paren dos 
pero a estas alturas de la partida,
me acepto torpe y despreocupado rey;
no quiero tablas que me salven.



miércoles, 4 de marzo de 2015

Castillos de arena

Junto a la orilla del mar
una niña de unos cinco años
construye castillos de arena
con alegría y emoción,
esas, que se pierden con los años.
Va llenando su cubo,
echa más de lo necesario
y la arena se desborda,
otra cosa, que perdemos con el tiempo,
siempre nos quedamos cortos.
Voltea el cubo y ahí está,
su castillo de arena,
entonces sonríe orgullosa,
lo contempla, lo adorna con conchas, piedrecitas
y cuando viene la ola y lo derriba,
ella vuelve a empezar
con la misma ilusión y dedicación,
sin perder la sonrisa.
No sé en qué playa perdimos los adultos
nuestra pala,
dónde dejamos olvidada la sonrisa,
las ganas de empezar.