domingo, 29 de noviembre de 2015

APUNTES PARA UN DOMINGO RARO

Ahora que se está a punto 
de encontrar a la bella Nefertiti
que los políticos demuestran 
una vez más su locura
y buscan soluciones en una única pregunta:
¿Bombardeamos o no?
Ahora que se llenan páginas y páginas 
para averiguar 
si Mas se queda o se va,
mientras en China, gays y lesbianas 
plantan cara a las "Terapias de aversión"
pintando de colores sus calles.
Ahora que los ERES y finiquitos desorbitados.
Ahora que más de lo mismo 
pero con distintos nombres o lugares.
Ahora que yo, en este día soleado,
retomo la vieja costumbre 
de leer el periódico los domingos,
de intentar dar un orden o lógica 
a ese mosaico de noticias dispares,
sin apenas rozar el entendimiento.
Ahora que cierro el periódico 
y me siento a escribir mi desconcierto
con la única certeza 
de que encima de nuestras cabezas
sigue incesante esa maravillosa danza cósmica,
y que aquí y ahora,
tanta información lejana me desborda 
cuando ni siquiera sé,
cuál será el menú del día.

viernes, 13 de noviembre de 2015

ORIGEN

Hay que regresar al campo, al menos, 
una vez cada tres nubarrones de ansiedad.
Sentarse bajo un alcornoque,
contemplar una puesta de sol,
detenerse en el lenguaje de las cigarras,
respirar la calma de una higuera,
jugar a entenderse con las ovejas.

Hay que regresar al campo,
tender al sol las prisas de este siglo XXI,
fabricado para hacer demasiadas cosas
sin detenerse en ninguna.
Cerrar con llave: móviles,
ordenadores, tráfico, ruido,
planes, agendas...

Hay que regresar al campo,
regresar para entender
que aún estamos vivos,
que aún hay tiempo
para saber quiénes somos

martes, 3 de noviembre de 2015

RUIDO SILENCIOSO

El amor tenía que irse
con bombos y platillos.
Armar un huracán,
encontrar en la cocina una orquesta sinfónica,
los cajones revueltos,
sirenas, truenos, el Séptimo de Caballería...
Pero no.

El amor se va de puntillas,
se mueve entre las copas
como un gato de Angora,
y una lo mira esperando oír
el estruendo de cristales,
cierra los ojos y al abrirlos,
ni gato ni copas rotas
y ahí entra el autoengaño. 

El amor se va a hurtadillas,
se va cayendo gota a gota,
como un grifo mal cerrado
que no percibimos.
Se queda en la cama haciéndose el remolón
sólo por la costumbre y la seguridad
de estar donde siempre.
Y cuando se cansa de mentiras,
estira las sábanas,
abre la puerta despacito
y desaparece. 

Y tú, yo, nosotros,
seguimos con el orden, las costumbres,
los besos, las miradas,
los planes… Todo,
sobre una gran Nada.


Hasta que un día cualquiera
su ausencia con retraso incluido
te sienta sobre ese gran vacío
y te preguntas:
¿Pero dónde estaba yo?