viernes, 25 de diciembre de 2015

EL POETA OPORTUNO

Viajaba en poemas ajenos
junto a Guillermo de Aquitania,
Caperucita feroz, Platón y su caverna
y un dinosaurio en la cama de un niño,
que podría ser yo,
que podrías ser tú.
Viajaba en sosegada calma
ausente de mí por un instante,
y entonces el rayo.
"Turno para los poemas de amor"
anunció el poeta,
y ya a punto de volverme sombra
entre las sombras del teatro,
Luis Alberto sacó de su chistera
la luz de esos versos que dicen:
"Vive la vida con su alegría
incomprensible, con sus decepciones (casi siempre excesivas)
(...) sin mirar atrás.
Vive la vida".
Y así, el poeta oportuno
cerró el abismo, al menos,
durante esa poética tarde
de un miércoles cualquiera
en el que renovada y optimista,
volví a creer en la poesía.

viernes, 18 de diciembre de 2015


“Y aprende dignidad en tu derrota, 
agradeciendo a quien te quiso 
el regalo fugaz de su hermosura”. 
(Felipe Benítez Reyes)

CUANDO EL CUENTO SE HA ACABADO

Cada uno se va como puede.
Los hay que plantan almendros
para verse florecer,
gritan un nombre en plena Gran Vía,
ponen los relojes en hora,
escriben versos desesperados
o se beben sus lágrimas
en la barra de cualquier bar.
Hay quienes compran un billete para otra galaxia
y nunca más se sabe de ellos,
quienes se van difuminando lentamente
en el paisaje de lo cotidiano.
Hay quienes no saben cómo irse
y van dejando retazos de su olvido
en la monotonía de un lunes cualquiera
mientras se les quema la comida,
o te ves reflejado en sus pupilas
tan lejano y acabado como una especie extinguida.
Los hay que buscan el empujón de un tercero,
quienes se mueren de golpe,
quienes se van cargados de culpa,
quien se siente renovado.
Cada uno se va como puede…
Lo importante es que se va.
Y luego están los otros, los que se quedan.
Los que hacen de la noche día,
abren sus ojos en mitad de un desierto,
se buscan en los espejos,
queman teléfonos
buscando una palabra amiga que los salve.
Los que sabían pero no querían saber,
los que se cargan de rencores
emborronando lo hermoso de sentir,
que una vez fueron.
Los que besan mil bocas en busca del olvido
o encierran su deseo dentro de una caja fuerte.
Ahí están los unos y los otros;
ambos víctimas, ambos culpables
de un amor, derrotado entre sus brazos. 

martes, 15 de diciembre de 2015

PARA QUÉ LA POESÍA

Viene cada mañana una muchacha de pelo lacio, mirada ausente y tez tan blanca como estas paredes.
Lleva un abrigo marrón de pana, un gorro morado y un bolso de tela adornado con una flor amarilla cruzado sobre su cuerpo, que a simple vista, parece frágil.

Camina lenta, casi arrastrando los pies, como el que sabe el camino de memoria pero se resigna a andarlo.
Apenas saluda con un imperceptible “Buenos días”, agacha la mirada y abre la puerta de la habitación 310.

Día tras día, desde hace dos meses, esa joven se sienta junto a una mujer que ronda los cincuenta. Le besa la cara, le dice lo guapa que está esa mañana, levanta las persianas y bromea sobre el tiempo. Sobre la posibilidad de ir juntas a Lanzarote, donde seguro no llueve, o visitar otra vez Roma, porque una nunca se cansa de volver a Roma.

Después saca un libro de poemas que yo no reconozco, porque nunca entendí o tuve sensibilidad para la poesía.
Hasta ahora, hasta estos días en los que esa joven que abandona la tristeza en el pasillo antes de entrar, lee poemas a esa mujer ausente que anda perdida en no sabemos dónde, ni hasta cuándo, ni por qué, en una especie de macabra muerte anticipada.

Y que yo escucho mientras hago que recojo, mientras hago que barro, mientras hago que limpio lo limpiado y siento que revivo, o vivo lo no vivido, en esta aséptica habitación 310.


jueves, 10 de diciembre de 2015

AGNÓSTICA

Ya quisiera yo creer en él.
Colmarme de pecados y desdichas 
y sonreír alegre en la homilía
sabiendo que se limpian mis deslices
y que una vida mejor, allá me espera.


Ya quisiera yo burlarme de la muerte
que acecha a cada instante
y sentir que es tránsito, viaje
hacia otra parte.

Ya quisiera yo encontrar el sentido
a este sinsentido.
Abandonar la poesía y su locura
y dormirme entre epístolas y credos.

Ya quisiera yo
no tener que lidiar a cada instante
con la tragedia de saber
que me quedan tres rondas de cervezas,
un puñado de naipes sin abrir,
otro usado y polvoriento
y un montón de sueños por cumplir.

domingo, 6 de diciembre de 2015

SELECCIÓN PARA SOBREVIVIR

Quisiera traer a la memoria
a aquel niño de ojos saltones
que me tiraba del pelo 
cuando la maestra se daba la vuelta,
pero no sé por qué
termino acordándome de aquel día,
quizá el único,
en el que me dio la mitad de su desayuno.

Quisiera acordarme de aquella mirada tan fría y lejana
que me plantó en la entrada de un cine,
pero inexplicablemente,
sólo recuerdo su risa.
Quisiera recordar al perro de aquel vecino
que ladraba sin cesar,
noche tras noche, martilleando mis sueños,
pero tan sólo aparece
meneando el rabo al entrar y encontrarme en la escalera.
Definitivamente mi memoria selectiva
termina siempre
apostando por un pasado mejor,
y yo, termino siempre
por dejarla hacer,
no siendo que se enfade
y llene de escombros este lugar
llamado presente.